jueves, 17 de diciembre de 2020

SALUDO DE NAVIDAD CON UNA OBRA IMPRESCINDIBLE DEL PASADO PARA PENSAR NUESTRO AZAROSO PRESENTE

Demasiada palabrería se ha escrito en este año, cuando se habla de la necesidad de re-inventarnos. Como si fuese fácil y un simple ensalmo —proferido por los mismos profetas que hace unos años nos predicaron el cambio de los modos de producción, que hacían loas al consumo infinito, y a la felicidad suprema que brinda un centro comercial—, nos pudiera hacer cambiar completamente. Periodistas y políticos, mensajeros de la nueva profecía, nos dicen y reiteran la palabra: re-inventarse. ¿Y qué diablos es eso? No deja de ser un insulto, para los millones de personas que este año han visto destruidos sus medios de subsistencia; para los que han llorado amigos y parientes que ha muerto por culpa de un elusivo virus que no siempre logra atajar la higiene de manos y las mascarillas; en fin, para la humanidad toda, que tiene la sensación de haber sido vaciada del poco sentido que todavía quedaba en el mundo. 

Re-inventarse, y la palabra solo puede incluir la idea de nuevos negocios virtuales que satisfarán las estadísticas del crecimiento económico en uno o dos años (estamos creciendo porque nos re-inventamos); una palabra que para otros implicará abandonar la calle porque el otro, ya no portará un virus entre pecho y espalda, sino que será un sospechoso de ser un derrotado y desesperado que necesita vivir de algún modo, así sea utilizando la violencia; re-inventarse, y nos quieren vender la ilusión de que, al final de este particular decurso, llegaremos, como humanidad, al país de cucaña, al cumplimiento de una perfección que todos entrevemos, pero, francamente, para la cual no estamos hechos.

Sabiendo que al final, seremos los mismos seres humanos, capaces de lo más noble y de lo más abyecto, quizás convenga poner matices ante la palabreja. De hecho, más que re-invención, lo verdaderamente humano, y en donde revela su potencia más alta, es en la creación. Un ejemplo de ello, es esta obra del músico francés, Olivier Messiaen, quien en medio de las circunstancias adversas que implica ser prisionero en un campo de concentración, produjo una obra fundamental tanto para su extensa producción como para la música de vanguardia del siglo XX; nos referimos al Quartour pour la fin du temps (“Cuarteto para el fin de los tiempos”)



Como tal, en esta obra se expresan las innovaciones y rupturas que Messiaen introdujo en el lenguaje musical, como sus profundas convicciones religiosas. De este modo, el autor, —nacido el 10 de diciembre de 1908, en Aviñón (Francia)—, expresa la idea de fin, pero no porque hable tan solo de las circunstancias que vivía la humanidad y él, en particular, en 1941, cuando estrenó la pieza. Como señala María Pizarro Díaz, el fin es, fundamentalmente, el

...fin de un tiempo narrativo que habrá dejado paso, entre otros: a un nuevo tiempo de ritmos aditivos (en el que las duraciones rítmicas se construyen añadiendo valores a partir de una duración mínima, en vez de dividiéndolos), repeticiones, permutaciones; a un tiempo congelado, suspendido, creador de forma, que no se dirige a ningún lugar concreto, que no es predecible, que no alterna partes fuertes y débiles, tensiones y calmas en exposición, nudo y desenlace; a la construcción de un relato musical que ya no jerarquiza sus sonidos por medio de las armonías tonales, sino en el que coexisten centros gravitacionales que emplean, por ejemplo, el color (Messiaen era, además, sinestésico), la modalidad, el serialismo, los modos de transposición limitada, etc., y aun fragmentos tonales. Y, por concluir este primer gran tema, alude también a una sonoridad que reinterpreta melodías basadas en los dibujos que trazan los pájaros en sus cantos. Escribe Enrique Blanco: “el canto de los pájaros es de tal naturaleza que tampoco implica un tempo narrativo (generalmente son llamadas breves repetidas un número indefinido de veces, de manera siempre modificada).”(Pizarro, pp. 128-129)

Pero también es el fin en el sentido relgioso y las alusiones al Apocalipsis, a lo largo de toda la pieza, son evidencia de que, en este caso, las circunstancias históricas, sí son decisivas en la producción del Cuarteto. Messiaen, quien desarrolló su pasión musical, en buena parte por sus problemas visuales que desde niño lo aquejaron, se formó con maestros como  Paul DukasMarcel DupréMaurice Emmanuel y Charles-Marie Widor, y, sobre todo, desplegó buena parte de su capacidad como organista de la Iglesia de la Santa Trinidad en París. Su música, por tanto, le permitió expresar sus sentimientos religiosos, mientras que, a la vez, se vinculaba a las corrientes de vanguardia de su época. Aunado con esto, su sinestesia le condujo a establecer el nexo entre la música y los colores, y a descubrir, además, en el canto de las aves, los elementos sonoros que hicieron parte de mucha parte de su producción. Así, el Quartour…, expresa esa idea de fin, a partir de textos del libro bíblico, pero porque, además, escribió esta obra cuando estaba prisionero en un campo de concentración.

En efecto, Messiaen, a pesar de sus problemas visuales y sin formación militar alguna, fue destinado como soldado —en realidad, como auxiliar médico, que era lo único que podía hacer con sus evidentes limitaciones físicas—, a la Ciudadela Vauban, cerca de Verdún. En 1940, en mayo, según algunas fuentes, en junio, según otras, fue capturado por los alemanes y trasladado al campo de concentración de Görlitz, Stalag VIIIA. En el viaje en tren, conoció a Étienne Pasquier y Henri Akoka, violonchelista y clarinetista, quienes serían, junto con el violinista Jean le Boulaire, y el propio Messiaen en el piano, los primeros intérpretes de la pieza el 15 de enero de 1941. Ante la adversidad, la crueldad de la guerra, las crueles condiciones del campo de concentración, el compositor francés, encontró en la creación el camino de la libertad. En 1958, declaró que: “En vez de eso, yo diría que compuse el cuarteto para escapar de la nieve, de la guerra, del aprisionamiento y de mí mismo. El gran beneficio que obtuve de ello fue, que entre tres mil prisioneros, yo probablemente fui el único que era libre.” (Ibíd., p. 131)



Stalag VIII A, 1941

La obra, para muchos, fue no solo un punto de llegada de las inquietudes musicales que desde su juventud había tenido, sino también un punto de quiebre que marcaría su producción posterior. Inspirado, como ya hemos señalado, en el Apocalipsis, la cita que inspira el Cuarteto es la siguiente:

Vi entonces otro ángel vigoroso que bajaba del cielo envuelto en una nube; el arco iris aureolaba su cabeza, su rostro parecía el sol y sus piernas columnas de fuego. Plantó el pie derecho en el mar y el izquierdo en la tierra, levantó la mano derecha al cielo y juró por el que vive por los siglos de los siglos, diciendo 'Se ha terminado el tiempo'. 

Cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta, el misterio de Dios llegará a su término. (Apocalipsis, X, 1-7)


CUARTERO PARA EL FIN DE LOS TIEMPOS 

Olivier Messiaen

Orchestra Musica Concentrationaria

Carlos García, Clarinete
Gulia Brinckmeier, Violín
Javier Martinez, Violonchelo
Julian Ramos, Piano

Palacio Euskalduna, B
ilbao, 5 de Febrero de 2018


A partir de ella, desarrolla la obra en ocho secciones:

I. Liturgia del cristal. Entre las tres y las cuatro de la mañana, el despertar de los pájaros: un zorzal o un ruiseñor solista improvisa, entre notas de sonido brillante y un halo de trinos que se pierden en lo alto de los árboles. Transponga esto al plano religioso: tendrá el silencio armonioso del cielo.

II. Vocalice, para el ángel que anuncia el fin del Tiempo. La primera y tercera parte (muy corta) evocan el poder de ese poderoso ángel, su pelo un arco iris y su ropa una niebla, que pone un pie en el mar y otro en la tierra. Entre estas secciones están las inefables armonías del cielo. Desde las pianosuaves cascadas de acordes azul-naranja, que rodean con su lejano carillón el recitativo del violín y el violonchelo.

III. Abismo de los pájaros. Clarinete solo. El abismo es el tiempo, con sus tristezas y tedios. Los pájaros son lo opuesto al Tiempo; son nuestro deseo de luz, de estrellas, de arco iris y de jubilosos cantos.

IV. Interludio. Scherzo. De carácter más extrovertido que los otros movimientos, pero relacionado con ellos, sin embargo, por varias referencias melódicas.

V. Alabanza a la eternidad de Jesús. Jesús es considerado aquí como uno con la Palabra. Una larga frase, infinitamente lenta, por el violonchelo expía con amor y reverencia sobre la perennidad de la Palabra, poderosa y dulce, "que los años no pueden de ninguna manera agotar". Majestuosamente la melodía se despliega a la distancia tanto íntima como impresionante. "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios."

VI. Danza de la furia, para las siete trompetas. Rítmicamente el movimiento más idiosincrásico del conjunto. Los cuatro instrumentos al unísono dan el efecto de gongs y trompetas (las seis primeras trompetas del Apocalipsis asisten a varias catástrofes, la trompeta del séptimo ángel anuncia la consumación del misterio de Dios). Uso de valores de notas extendidas, patrones rítmicos aumentados o disminuidos, ritmos no retrogradables - un uso sistemático de valores que, leídos de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, permanecen iguales. Música de piedra, sonoridad formidable; movimiento tan irresistible como el acero, como enormes bloques de furia lívida o frenesí helado. Escuchen particularmente el aterrador fortissimo del tema en aumento y con cambio de registro de sus diferentes notas, hacia el final de la pieza.

VII. Racimo de arco iris, para el ángel que anuncia el fin del Tiempo. Aquí regresan ciertos pasajes del segundo movimiento. El poderoso ángel aparece, y en particular el arco iris que lo envuelve (el arco iris, símbolo de la paz, de la sabiduría, de todo estremecimiento de luminosidad y sonido). En mis sueños escucho y veo melodías y acordes ordenados, tonos y formas familiares; luego, siguiendo esta etapa transitoria paso a lo irreal y me someto extáticamente a un vórtice, una vertiginosa interpenetración de sonidos y colores sobrehumanos. Estas espadas ardientes, estos ríos de lava azul-naranja, estas estrellas repentinas: ¡Contemplen el cúmulo, contemplen el arco iris!

VIII. Alabanza a la inmortalidad de Jesús. Expansivo solo de violín equilibrando el solo de violonchelo del quinto movimiento. ¿Por qué esta segunda glorificación? Se dirige más específicamente al segundo aspecto de Jesús - a Jesús el hombre, al Verbo hecho carne, levantado inmortal de entre los muertos para comunicarnos su vida. Es un amor total. Su lenta elevación a un punto supremo es la ascensión del hombre hacia su Dios, del Hijo de Dios hacia su Padre, de lo mortal recién hecho divino hacia el paraíso. (En: https://es.laphil.com/musicdb/pieces/3007/quartet-for-the-end-of-time)


Cartel para el estreno de el Cuarteto para el fin de los tiempos

Un buen ejemplo, por tanto, este Quartour pour la fin du temps de que la creación es quizás, el mejor camino a la libertad. Cuando salió del campo, volvió a su actividad como organista, pero también a la docencia, en donde tuvo entre sus alumnos a Pierre Boulez, Yvonne Loriod (quien después sería la segunda esposa de Messiaen, y la intérprete por excelencia de sus obras escritas para piano o con piano solista), Karlheinz Stockhausen, Iannis Xenakis, William Bolcom y George Benjamin. Su producción, amplia y siempre novedosa, la realizó hasta un año antes de su muerte, la cual ocurrió el 27 de abril de 1992, y a más de las piezas musicales, incluye también reflexiones teóricas sobre la musica y claro, sobre la creación y las dificultades que en lo personal implicaba ese proceso. En 1985, en una conferencia en Kyoto, pensando su obra, enumeró esas cuatro dificultades, verdadero pilar de su proceso creativo:

Lo primero que puedo decir es que siempre me he topado con cuatro dificultades, que son la desgracia de mi vida, y a las que sólo el tiempo podrá aportar algunas soluciones. La primera dificultad es que soy un músico rítmico y que la gente a la que me dirijo confunde el ritmo con los valores iguales y con los tiempos regulares. La segunda es que, intelectualmente, yo veo colores cuando leo o cuando escucho música y que tanto mis alumnos como mis oyentes no ven colores en absoluto. La tercera es que soy ornitólogo, he anotado muchos cantos de pájaros y los empleo constantemente en mis obras, y el público de los conciertos se compone generalmente de habitantes de las ciudades que no han oído en su vida el canto de un pájaro. La cuarta, la más grave, es que yo hablo de Dios, de los Misterios Divinos y de los Misterios de Cristo a gentes que no creen o que no conocen bien la religión y la teología. (Messiaen, p. 49)


Fra Lippo Lippi, Natividad. Temple sobre tabla. 1459


Textos de referencia

·      Messiaen, Olivier (2011) Conferencia de Kyoto (1985). Madrid: Círculo de Bellas Artes

·      Bourgogne, Elizabeth (1997, noviembre) “Olivier Messiaen, Cuarteto para el fin de los tiempos”. Nombres. Revista de Filosofía. 10 (7). Universidad Nacional de Córdoba, pp. 155-159

·      Pizarro Díaz, María (2019, septiembre) “Identidad y redención en el Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen”. Fedro. Revista de estética y teoría de las artes. (19) s.p.

·      Torrijos, Pedro (s.f.) “Dios y los pájaros en un campo de prisioneros: el Cuarteto para el fin de los tiempos”. https://www.jotdown.es/2013/11/dios-y-los-pajaros-en-un-campo-de-prisioneros-el-cuarteto-para-el-fin-de-los-tiempos/ (Consultado el 9 de diciembre de 2020)

·      Cuarteto para el fin de los tiempos. Sobre esta pieza (s.f.) https://es.laphil.com/musicdb/pieces/3007/quartet-for-the-end-of-time (Consultado el 9 de diciembre de 2020) Nota: página coordinada y dirigida por el músico Gustavo Dudamel

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