jueves, 4 de diciembre de 2014

Dos cuentos para Navidad

La natividad. Albrecht Dürer. 1504. Grabado con Buril. 182x117 mm

Como es habitual por estas fechas, queremos enviar a todos los que nos siguen un saludo de Navidad con dos breves textos, uno de Guy de Maupassant (1850-1893) y otro de G.K. Chesterton (1874-1936). Dos relatos no sólo diferentes -como es obvio dado el estilo, los temas preferidos y las opciones literarias de cada uno de estos grandes escritores-, sino también paradójicamente, próximos por cuanto cada uno a su modo, quiere reivindicar el valor de la Navidad o por lo menos, como señala Chesterton al final con su "¡No morirás!", la marca indeleble que este tiempo ha dejado en todos, creyentes o no. 

Esperando que disfruten de estos breves relatos, queremos invitarlos a que el próximo año  tanto en este Blog como en la Revista Colombiana de Pensamiento Estético e Historia del Arte, nos permitan continuar el diálogo fructífero sobre los temas que más nos apasionan.


UN CUENTO DE NAVIDAD
Guy de Maupassant


El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:

-¿Un recuerdo de Navidad?... ¿Un recuerdo de Navidad?...
Y, de pronto, exclamó:
"-Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena.
"Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos.
"¿Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.
"Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino.
"Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville.
"Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca.
"En una sola noche se cubrió toda la llanura.
"Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos.
"Ningún ruido turbaba la campiña inmóvil. Solamente los cuervos, a bandadas, describían largos festones en el cielo, buscando la subsistencia, sin encontrarla, lanzándose todos a la vez sobre los campos lívidos y picoteando la nieve.
"Sólo se oía el roce tenue y vago al caer los copos de nieve.
"Nevó continuamente durante ocho días; luego, de pronto, aclaró. La tierra se cubría con una capa blanca de cinco pies de grueso.
"Y, durante cerca de un mes, el cielo estuvo, de día, claro como un cristal azul y, por la noche, tan estrellado como si lo cubriera una escarcha luminosa. Helaba de tal modo que la sábana de nieve, compacta y fría, parecía un espejo.
"La llanura, los cercados, las hileras de olmos, todo parecía muerto de frío. Ni hombres ni animales asomaban; solamente las chimeneas de las chozas en camisa daban indicios de la vida interior, oculta, con las delgadas columnas de humo que se remontaban en el aire glacial.
"De cuando en cuando se oían crujir los árboles, como si el hielo hiciera más quebradizas las ramas, y a veces desgajábase una, cayendo como un brazo cortado a cercén.
"Las viviendas campesinas parecían mucho más alejadas unas de otras. Vivíase malamente; cada uno en su encierro. Sólo yo salía para visitar a mis pacientes más próximos, y expuesto a morir enterrado en la nieve de una hondonada.
"Comprendí al punto que un pánico terrible se cernía sobre la comarca. Semejante azote parecía sobrenatural. Algunos creyeron oír de noche silbidos agudos, voces pasajeras. Aquellas voces y aquellos silbidos los daban, sin duda, las aves migratorias que viajaban al anochecer y que huían sin cesar hacia el sur. Pero es imposible que razonen gentes desesperadas. El espanto invadía las conciencias y se aguardaban sucesos extraordinarios.
"La fragua de Vatinel hallábase a un extremo del caserío de Epívent, junto a la carretera intransitada y desaparecida. Como carecían de pan, el herrero decidió ir a buscarlo. Entretúvose algunas horas hablando con los vecinos de las seis casas que formaban el núcleo principal del caserío; recogió el pan, varias noticias, algo del temor esparcido por la comarca, y se puso en camino antes de que anocheciera.
"De pronto, bordeando un seto, creyó ver un huevo sobre la nieve, un huevo muy blanco; inclinose para cerciorarse; no cabía duda; era un huevo. ¿Cómo sé hallaba en tan apartado lugar? ¿Qué gallina salió de su corral para ponerlo allí? El herrero, absorto, no se lo explicaba, pero cogió el huevo para llevárselo a su mujer.
"-Toma este huevo que encontré en el camino.
"La mujer bajó la cabeza, recelosa:
"-¿Un huevo en el camino con el tiempo que hace? ¿No te has emborrachado?
"-No, mujer, no; te aseguro que no he bebido. Y el huevo estaba junto a un seto, caliente aún. Ahí lo tienes; me lo metí en el pecho para que no se enfriase. Cómetelo esta noche.
"Lo echaron en la cazuela donde se hacía la sopa, y el herrero comenzó a referir lo que se decía en la comarca.
"La mujer escuchaba, palideciendo.
"-Es cierto; yo también oí silbidos la pasada noche, y entraban por la chimenea.
"Sentáronse y tomaron la sopa; luego, mientras el marido untaba un pedazo de pan con manteca, la mujer cogió el huevo, examinándolo con desconfianza.
"-¿Y si tuviese algún maleficio?
"-¿Qué maleficio puede tener?
"-¡Toma! ¡Si yo supiera!
"-¡Vaya! Cómetelo y no digas bestialidades.
"La mujer abrió el huevo; era como todos, y se dispuso a tomárselo con prevención, cogiéndolo, dejándolo, volviendo a cogerlo. El hombre decía:
"-¿Qué haces? ¿No te gusta? ¿No es bueno?
"Ella, sin responder, acabó de tragárselo. Y de pronto fijó en su marido los ojos, feroces, inquietos, levantó los brazos y, convulsa de pies a cabeza, cayó al suelo, retorciéndose, dando gritos horribles.
"Toda la noche tuvo convulsiones violentas y un temblor espantoso la sacudía, la transformaba. El herrero, falto de fuerza para contenerla, tuvo que atarla.
"Y la mujer, sin reposo, vociferaba:
"-¡Se me ha metido en el cuerpo! ¡Se me ha metido en el cuerpo!
"Por la mañana me avisaron. Apliqué todos los calmantes conocidos; ninguno me dio resultado. Estaba loca.
"Y, con una increíble rapidez, a pesar del obstáculo que ofrecían a las comunicaciones las altas nieves heladas, la noticia corrió de finca en finca: 'La mujer de la fragua tiene los diablos en el cuerpo.'
"Acudían los curiosos de todas partes; pero sin atreverse a entrar en la casa, oían desde fuera los horribles gritos, lanzados por una voz tan potente que no parecían propios de un ser humano.
"Advirtieron al cura. Era un viejo incauto. Acudió con sobrepelliz, como si se tratara de auxiliar a un moribundo, y pronunció las fórmulas del exorcismo, extendiendo las manos, rociando con el hisopo a la mujer, que se retorcía soltando espumarajos, mal sujeta por cuatro mocetones.
"Los diablos no quisieron salir.
"Y llegaba la Nochebuena, sin mejorar el tiempo.
"La víspera, por la mañana, el cura fue a visitarme:
"-Deseo -me dijo- que asista la infeliz a la misa de gallo. Tal vez Nuestro Señor Jesucristo la salve, a la hora en que nació de una mujer.
"Yo respondí:
"-Me parece bien, señor cura. Es posible que se impresione con la ceremonia, muy a propósito para conmover, y que sin otra medicina pueda salvarse.
"El viejo cura insinuó:
"-Usted es un incrédulo, doctor, y, sin embargo, confío mucho en su ayuda. ¿Quiere usted encargarse de que la lleven a la iglesia?
"Prometí hacer para servirle cuanto estuviese a mi alcance.
"De noche comenzó a repicar la campana, lanzando sus quejumbrosas vibraciones a través de la sombría llanura, sobre la superficie tersa y blanca de la nieve.
"Bultos negros llegaban agrupados lentamente, sumisos a la voz de bronce del campanario. La luna llena iluminaba con su tibia claridad todo el horizonte, haciendo más notoria la pálida desolación de los campos.
"Fui a la fragua con cuatro mocetones robustos.
"La endemoniada seguía rugiendo y aullando, sujeta con sogas a la cama. La vistieron, venciendo con dificultad su resistencia, y la llevaron.
"A pesar de hallarse ya la iglesia llena de gente y encendidas todas las luces, hacía frío; los cantores aturdían con sus voces monótonas; roncaba el serpentón; la campanilla del monaguillo advertía con su agudo tintineo a los devotos los cambios de postura.
"Detuve a la mujer y a sus cuatro portadores en la cocina de la casa parroquial, aguardando el instante oportuno. Juzgué que éste sería el que sigue a la comunión.
"Todos los campesinos, hombres y mujeres, habían comulgado pidiendo a Dios que los perdonase. Un silencio profundo invadía la iglesia, mientras el cura terminaba el misterio divino.
"Obedeciéndome, los cuatro mozos abrieron la puerta y acercáronse a la endemoniada.
"Cuando ella vio a los fieles de rodillas, las luces y el tabernáculo resplandeciente, hizo esfuerzos tan vigorosos para soltarse que a duras penas conseguimos retenerla; sus agudos clamores trocaron de pronto en dolorosa inquietud la tranquilidad y el recogimiento de la muchedumbre; algunos huyeron.
"Crispada, retorcida, con las facciones descompuestas y los ojos encendidos, apenas parecía una mujer.
"La llevaron a las gradas del presbiterio, sosteniéndola fuertemente, agazapada.
"Cuando el cura la vio allí, sujeta, se acercó cogiendo la custodia, entre cuyas irradiaciones de oro aparecía una hostia blanca, y alzando por encima de su cabeza la sagrada forma, la presentó con toda solemnidad a la vista de la endemoniada.
"La mujer seguía vociferando y aullando, con los ojos fijos en aquel objeto brillante; y el cura estaba inquieto, inmóvil, hasta el punto de parecer una estatua.
"La mujer mostrábase temerosa, fascinada, contemplando fijamente la custodia; presa de terribles angustias, vociferaba todavía; pero sus voces eran menos desgarradoras.
"Aquello duró bastante.
"Hubiérase dicho que su voluntad era impotente para separar la vista de la hostia; gemía, sollozaba; su cuerpo, abatido, perdía la rigidez, recobraba su blandura.
"La muchedumbre se había prosternado con la frente en el suelo; y la endemoniada, parpadeando, como si no pudiera resistir la presencia de Dios ni sustraerse a contemplarlo, callaba. Luego advertí que se habían cerrado sus ojos definitivamente.
"Dormía el sueño del sonámbulo, hipnotizada..., ¡no, no!, vencida por la contemplación de las fulgurantes irradiaciones de la custodia de oro; humillada por Cristo Nuestro Señor triunfante.
"Se la llevaron, inerte, y el cura volvió al altar.
"La muchedumbre, desconcertada, entonó un tedeum.
"Y la mujer del herrero durmió cuarenta y ocho horas seguidas. Al despertar, no conservaba ni la más insignificante memoria de la posesión ni del exorcismo.
"Ahí tienen, señoras, el milagro que yo presencié.
Hubo un corto silencio y, luego, añadió:
-No pude negarme a dar mi testimonio por escrito.





LA TIENDA DE LOS FANTASMAS

Gilbert Keith Chesterton

Casi todo lo mejor y más valioso del universo puede comprarse por  medio penique. Exceptuando, por supuesto, el sol, la luna, las estrellas, la tierra, la gente, las tormentas y otras baratijas. Las tienes gratis. Además, dejo de lado otra cosa, que no puedo mencionar en este periódico, cuyo precio más bajo es la mitad de medio penique. Este principio general  resultará enseguida evidente. En la calle detrás de mí, puedes montar en un tranvía eléctrico por medio penique. Subirte a un tranvía eléctrico es como subirte a un castillo volador en un cuento de hadas. Puedes hacerte con un buen puñado de chucherías de colores por la mitad de un penique. También tienes la oportunidad de leer este articulo por medio penique, junto con, por supuesto, otras cosas menos importantes.
Pero si quiere descubrir la enorme cantidad de cosas asombrosas que puedes conseguir por medio penique, haz lo que yo hice anoche. Estampé la nariz contra el escaparate de una de las tiendas más pequeñas y peor iluminadas de uno de los callejones más estrechos y oscuros del barrio de Battersea. Pero por oscuro que fuese ese rectángulo de luz, resplandecía con todos los colores que Dios creó, utilizando la expresión  que una vez escuché a un niño. Los juguetes de los pobres son todos como los niños que los compran. Sucios pero todos alegres. Por mi parte, prefiero la alegría a la limpieza. La primera es del alma  y la segunda del cuerpo. Les ruego que me disculpen, es que soy demócrata. Sé que estoy trasnochado en el mundo actual.
Mientras miraba aquel palacio de maravillas liliputienses, los pequeños autobuses verdes, los pequeños elefantes azules, los muñequitos negros y las pequeñas arcas de Noé rojas, debí caer en una especie de trance antinatural. El escaparate iluminado se transformó en el brillante escenario en que uno contempla una comedia muy entretenida. Me olvide de las casas grises y de la gente triste a mis espaldas como uno se olvida del público y las galerías oscuras en el teatro. Me parecía que los objetos detrás del cristal eran pequeños no por su tamaño, sino a causa de la distancia. El autobús verde era realmente un autobús verde. Un autobús verde del barrio de Bayswater, que estuviese recorriendo un enorme desierto, al hacer su ruta diaria hasta Bayswater. El elefante  ya no era azul  por la pintura sino por la distancia. El muñequito era realmente un hombre de raza  negra recortándose contra el brillante follaje tropical de la tierra en que cada planta tiene un color ardiente y solo el ser humano es oscuro. El arca de Noé roja era en verdad la enorme nave de la salvación del mundo, flotando en un mar acrecentado por la lluvia, en el rojo primer amanecer de la esperanza.
Creo que todos tenemos estos extraordinarios instantes de abstracción, estos brillantes momentos con la mente en blanco. En momentos semejantes, podemos mirar a la cara a nuestro mejor amigo y ver gafas y bigotes imaginarios. Por lo general están marcados por lo lento que se desarrollan y lo abrupto de su fin. El regreso a la actividad mental normal es a menudo tan repentino como tropezarse con alguien. A menudo, uno termina chocándose de verdad contra alguien, al menos en mi caso. Pero de todos modos, el despertar es claro y,  por lo general, completo. Pues bien, en esta ocasión, aunque una ola de cordura me arrastró a la conciencia de que en realidad solamente estaba mirando una humilde y diminuta juguetería, de alguna extraña manera la curación no parecía ser definitiva. Algo que no podía controlar seguía diciéndome que me había adentrado en una atmósfera extraña, o que había hecho algo raro. Me sentía como si hubiese obrado un milagro o cometido un pecado. Era como si de alguna forma hubiese atravesado una frontera del alma.
Para librarme de esta sensación onírica tan peligrosa, entré en la tienda e intenté comprar algunos soldaditos de madera. El dependiente era muy anciano y estaba muy deteriorado. Con medio rostro y toda la cabeza cubiertos de despeinado cabello cano. Un cabello tan increíblemente blanco que parecía artificial. Y aunque parecía senil y enfermo no se reflejaba sufrimiento en sus ojos. Era  como si, poco a poco, se estuviese quedando dormido en una decadencia amable. Me dio los soldaditos de madera  pero, cuando coloqué el dinero sobre el mostrador, aparentó no verlo en un primer momento. Parpadeó débilmente mirándolo y lo apartó débilmente.

-No, no –dijo confuso – Nunca lo he hecho así. Nunca. Aquí somos muy anticuados.
-No aceptar dinero me parece  algo a la  más rabiosa última moda más que anticuado.
-Nunca lo he hecho así – contestó el anciano sonándose los mocos – Siempre he dado regalos y soy demasiado viejo para cambiar.
-¡Por el amor de Dios! – dije - ¿Qué quiere decir? Está hablando como si fuese Papá Nöel.

En el exterior, las farolas no podían estar encendidas. En cualquier caso, era imposible ver nada más allá del escaparate iluminado. No se escuchaban pasos ni voces por la calle. Parecía que me hubiese internado en un nuevo mundo en el que el sol no brillaba. Pero algo había soltado las amarras del sentido común y no podía sorprenderme más que de una manera somnolienta.

-Pareces enfermo, Papá Nöel – Algo me impulsó a decir eso.
-Estoy agonizando.
Guardé silencio y fue él quien habló de nuevo.
-Todos los nuevos se han marchado. No lo entiendo. Se meten conmigo por razones tan raras e incoherentes. Los científicos, todos los innovadores. Dicen que le doy a la gente supersticiones y les vuelvo demasiado ilusos, que les doy carnes horneadas y les hago demasiado materialistas. Dicen que mis partes celestiales son demasiado celestiales, que mis partes mundanas son demasiado mundanas. No sé lo que quieren, de eso si que estoy seguro. ¿Cómo puede algo celestial serlo demasiado? ¿Cómo puede algo mundano ser demasiado mundano? ¿Cómo se puede ser demasiado bueno o demasiado alegre? No lo entiendo. Pero hay algo que entiendo demasiado bien: esta gente moderna está viva y yo muerto.
-Tú sabrás si estás  muerto – repliqué – pero a lo que ellos hacen no lo llamo vivir.

Un silencio cayó entre nosotros que, de alguna manera, esperé  ver roto. No había durado unos segundos, cuando, en medio de la total tranquilidad, escuché unos pasos que, cada vez más rápidos, se acercaban por la calle. Al instante, una figura se lanzó al interior de la tienda y quedo enmarcada en el umbral. Vestía una chistera blanca, echada hacia atrás como con prisa, anticuados pantalones negros ceñidos, anticuados chaleco y chaqueta de colores brillantes y un fantástico abrigo viejo. Tenía los ojos, abiertos y brillantes, de un actor de carácter, una cara pálida y nerviosa y la barba muy recortada. Abarcó al anciano y su tienda en una mirada que fue de verdad como una explosión y lanzó la exclamación de un hombre por completo estupefacto.

-¡Buen Dios! ¡No puedes ser tú! – gritó – Vine a preguntar dónde estaba tu tumba.
-Aún no he fallecido, Sr. Dickens – contestó el anciano  con su débil sonrisa – Pero me estoy muriendo – añadió como tranquilizándole
-Pero a paseo con todo si no agonizaba en mis tiempos – dijo el Sr. Charles Dickens alegremente – Y no pareces ni un día más viejo.
-Llevó así mucho tiempo – Dijo Papá Nöel.

El  Sr. Charles Dickens le dio la espalda y sacó la cabeza por la puerta, metiéndola en la oscuridad.

-Dick – bramó a todo pulmón – sigue vivo.

Otra sombra oscureció el umbral,  entró un caballero mucho mayor y más fuerte que llevaba puesta una enorme peluca empolvada. Abanicaba su sofocado rostro con un sombrero militar correspondiente a  la moda de la época de la reina Ana. Andaba erguido como un soldado y  en su cara había una expresión arrogante que era repentinamente desmentida por sus ojos. Humildes como los de un perro. Su espada hacia mucho ruido, como si la tienda fuese demasiado pequeña para ella.

- En verdad – dijo Sir Richard Steele – Es cuestión harto prodigiosa, pues este hombre se acercaba a su último aliento cuando escribí sobre Sir Roger de Coverley y su día de navidad.
Mis sentidos se embotaban y el cuarto se oscurecía. Parecía repleto de recién llegados.
-Se ha dado siempre por entendido – dijo un hombre gordo que ladeaba la cabeza en un gesto obstinado y humorístico ( Me parece que era Ben Johnson). Se ha dado siempre por entendido, cónsul Jacobo, bajo nuestro rey Jaime o bajo su difunta Majestad la reina, que costumbres tan buenas y saludables decaían. Y que era previsible su desaparición. Este anciano canoso no esta ahora menos robusto que cuando yo le eche el ojo.

Y creo que también escuché a un hombre vestido con malla verde, como Robin Hood, decir en una mezcla de inglés y francés normando “ Pero sí lo vi agonizante.”

- Llevo así mucho tiempo – Dijo Papá Nöel otra vez a su débil manera.

El Sr. Charles Dickens de repente se le acercó y se inclinó delante de él.

-¿Desde cuando? –preguntó - ¿Desde qué naciste?
-Sí- contestó el anciano y se dejó caer en su silla temblando – Siempre he agonizado.

El  Sr.Charles Dickens se quitó el sombrero haciendo una reverencia como la haría un hombre que llamase a la multitud a amotinarse.

-Ahora lo entiendo – gritó – Nunca morirás.




lunes, 17 de noviembre de 2014

MALAS INFLUENCIAS. Muestra de Grado de Estudiantes de Artes de Medellín

Estudiantes de las carreras de Artes Plásticas, tanto de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín como de la Universidad de Antioquia, nos invitan a la Muestra de Grado en el Edificio Antioquia (La Naviera -calle 53 con carrera 51-). Son catorce nuevos artistas cuyo trabajo sin duda, vale la pena conocer, apoyar y comentar, y sobre todo, son un baremo del trabajo que se viene realizando en nuestras Facultades.

Inauguración: 28 de noviembre a las 6:00 pm
Fechas: Del 29 de noviembre al 18 de diciembre.
Horario: 12:00 m - 5:00 pm


lunes, 20 de octubre de 2014

ACTUALIZACIÓN HORARIOS: Seminario del profesor Pere Salabert: Filosofía del Arte y Valor Estético. Desde ayer para hoy: arte y artesanía, técnica y tecnología



En la última semana de octubre y la primera de noviembre, estará con nosotros, el profesor Pere Salabert, ampliamente reconocido en nuestra ciudad, por ser profesor visitante de la Maestría en Estética, Profesor Honorario de la Universidad Nacional y por su amplia trayectoria académica que ha recibido reconocimiento en toda Iberoamérica.

Algunos de los libros del profesor Salabert son:

(D)efecto de la pintura (Barcelona, 1985), Imatges. Inimatges. Per a una teoria del representar (Barcelona, 1986), Estética de todo o teoría de lo light (Valencia, 1989), La mirada en el vacío. Ensayos de estética y semiótica (Aarhus, 1990), Lo moderno y sus postrimerías. Figuras conceptuales de la estética postmoderna (1991), El infinito en un instante (1993), De la creatividad y el neo-Kitsch. Meditaciones postmodernas (Montevideo, 1993), Declives éticos, apogeo estético y un ensayo más (1995), Figuras del viaje. Tiempo, Arte, Identidad(Rosario, 1995), El espacio intermitente de la acción en el teatro (1996), Inimágenes. Representación y estilo (Cali, 1997), Pintura anémica, cuerpo suculento (Barcelona, 2003), El pensamiento visible (2003), La redención de la carne. Hastío del alma y elogio de la pudrición (Murcia, 2004; Medellín, 2005), Sphairos. Geografía del amor y la imaginación (Barcelona, 2005), El cuerpo es el sueño de la razón y la inspiración una serpiente enfurecida. Marcel.lí Antunez: cara y contracara (Murcia, 2009) y los más recientes Teoria de la creación en el arte (Madrid, 2013) y La máquina del teatre. Per a una biografia de la tragèdia (Lleida-Barcelona, 2013).

También tiene libros dirigidos, en colaboración con D. Chateau y H. Parret, Estética plural de la naturaleza (Barcelona, 2006) y Esthétiques de la nature(Paris, 2007); con D. Chateau, Figures de la passion et de l'amour (Paris, 2011).
  
 Ha sido profesor invitado en:

ARGENTINA (Buenos Aires, Rosario, Santa Fe), BRASIL (Sao Paulo), CANADA (Toronto), COLOMBIA (Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena de Indias, Manizales, Medellín, Pasto, Pereira), CHILE (Santiago, Valparaiso), CHINA (Beijing), CUBA (La Habana), DINAMARCA (Aarhus), EEUU (Harvard Univ., Cambridge, Mass.; Stanford Univ., Palo Alto, California), FRANCIA (Aix, Blois, Martinique, Perpignan, Tours, Paris), IRLANDA (Cork), ITALIA (Urbino, Firenze), MÉXICO (México DF, Toluca), URUGUAY (Montevideo). 

El profesor Salabert nos visitará gracias al concurso tanto del Grupo de Estudios Estéticos y de la Maestría en Estética de la Universidad Nacional de Colombia, Medellín, como del Grupo de Estudios Filosóficos, Estéticos y Técnicos del Instituto Tecnológico Metropolitano, y el seminario que impartirá se llama Filosofía del Arte y Valor Estético. Desde ayer para hoy: Arte y Artesanía, Técnica y Tecnología.

Las sesiones se desarrollarán del siguiente modo: (Los horarios de las sesiones se han ampliado)
  • 30 de Octubre en el Auditorio Gerardo Molina de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Colombia (Medellín). Hora: 10am-1pm. Dirección: Calle 59 A Nº 63-20.
  • 31 de Octubre y 4 de Noviembre en el Auditorio de la Facultad de Artes del ITM.  Hora: 9am-1pm. Dirección: Calle 47 N° 85-20
El seminario no tiene ningún costo. Se entregarán certificados de asistencia a quienes asistan a las tres sesiones del seminario.