martes, 25 de septiembre de 2018

DROGAS. Michel Serres



En 1993, tuvimos la oportunidad de conocer un texto realmente impactante, gracias a las publicaciones seriadas de la época, en particular, a la Revista de Sociología, Número 17, de la Universidad Autónoma Latinoamericana, de Medellín (dirigida entonces, por el inolvidable Luis Antonio Restrepo Arango). El texto, del filósofo francés Michel Serres, que es el mismo que hoy presentamos, causó un gran impacto entonces, y hoy, veinticinco años después, tienen plena vigencia. Aborda el problema de las drogas, sin los prejuicios habituales —desafortunadamente, cada vez más habituales—, como los que vemos hoy, cuando en nuestro país, se plantea desde la jefatura del estado, una política represiva y regresiva, que desconoce la condición humana, las circunstancias históricas que vivimos, las trampas mismas de este tardocapitalismo consumista que exacerba nuestra condición de arrojados a un mundo completamente vacuo y frívolo. 

Publicado este texto, cuando las revistas eran revistas, y no esa fábrica de puntos de bonificación docente en lo que se han convertido (por tanto, este texto es testimonio de tiempos más vitales y menos dados a las veleidades del "consumo académico"), es también una reflexión que queremos recuperar, tratando de que la discusión salga de horizontes discursivos llenos de doble moral y pobreza argumentativa.

Agradecemos al profesor Alberto Castrillón, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, quien nos permitió publicar este texto, que en su momento él, y la profesora Marta Pulido, de la Universidad de Antioquia, tradujeron.



Drogas

Michel Serres.*



Traducido por Martha Pulido y Alberto Catrillón

(Publicado en francés en: Revista Enfant d’Abord, #137, Diciembre 1989-Enero 1990. París.)


Los animales no se drogan. Sin duda están protegidos por sus aparatos instintivos.

Bestias sin instinto, los hombres no hallan en sus automatismos biológicos algo que los proteja o los equilibre. Se encuentran lúcidos, arrojados en el tiempo y expuestos directamente a la muerte, a la inversa de los animales, que no tienen de ella ninguna percepción. La palabra existencia no significa otra cosa que distancia del equilibrio y falsa seguridad vertigi­nosa. No estamos nunca tranquilos.

Las drogas funcionan como protecciones contra las angustias asocia­das a la muerte y al tiempo. Es decir, todos los hombres, en todos los momentos y bajo todas las latitudes se entregan a la droga. Esta conducta, entre muchas otras, nos distingue de las otras criaturas del reino animal. Aquellos seres extraordinarios que saben o pueden vivir sin las drogas los denominamos, según nuestras culturas, sabios, justos o santos. Entre noso­tros algunos fuman opio o tabaco; otros trabajan incansablemente; aquéllos, beben alcohol; otros, luchan por el poder, sedientos de ambición o de gloria, hambrientos de reconocimiento y aun de dinero; y hay quienes, repetitivos y avaros no paran de hablar, ni de mirar televisión; otros, en fin, discuten continuamente de política; y, ¡cuántos aun asedian las farmacias.!...

Todas aquellas conductas que suponen la adquisición de un hábito rimando obligatoriamente el tiempo con la repetición de un gesto estable o el retomo permanente de un objeto, sopena de dolores especiales, son conductas producidas bajo el efecto de narcóticos o tóxicos. El mismo itinerario, no importando la ocupación a la cual uno lo consagre, muestra que pocos hombres saben y pueden pasar su vida sin dedicarla a algo. Los animales no hacen horarios. Nuestros relojes tienen necesidad de que les demos cuerda.

El hombre, universalmente, se droga. Podríamos aun preguntamos si la toxicomanía no es aquello que lo define, al menos, biológicamente. El hombre es un ser adicto.

Determinadas drogas son admitidas por la sociedad o por la cultura que la anima. Por ejemplo: entre la ambición y el trabajo; el dinero y el periódico; las noticias y los remedios; los resultados deportivos y las cotizaciones de la bolsa de valores, algunas son consideradas como sinóni­mos de virtud. De suerte que, a menudo, aquellos que anuncian que van a luchar contra la droga aseguran regularmente su considerable dosis cotidia­na. En estos temas es tan rara la inocencia como excepcional es la santidad.

Sería necesario disponer de un buen criterio de distinción entre las drogas soportables por los individuos y aquéllas que no podrían de ninguna manera tolerar. Por ejemplo: La ambición, la gloria, el dinero, responsables 
evidentemente de todas las guerras sobre el planeta, podrían figurar en la segunda clase: en el cuadro rojo de los más temibles tóxicos. Pues toda nuestra historia actual depende de ello.


Que hoy en día la banca y el comercio planetarios encuentren los mejores beneficios en los circuitos de venta de determinadas sustancias, prueba, con toda evidencia, a los ojos del filósofo, que el dinero mismo es una droga más fuerte aun que la heroína, puesto que, al fin de cuentas, se restablece el primero con la segunda: la obtención de uno se revela todavía más necesaria que el consumo regular de la otra.

No nos hemos drogado solamente con los productos venidos de América del Sur o del Asia del Sur-Este, sino, que somos esencialmente drogadictos. Cada vez más, la cultura Occidental reciente, nos impulsa a asumir conductas tóxicas: el empleo exageradamente opresivo de nuestro tiempo de trabajo; el trabajo mismo, igualmente pesado así nuestros com­pañeros estén allí dedicados, como cuando no lo están; la publicidad; la expropiación de los medios, conducen todos a elevar de manera vertical el consumo cotidiano de una droga o de la otra.



Nos rodeamos sin cesar de consumo ¿Cómo escandalizarse con las cifras del negocio de la cocaína, cuando mejores beneficios se obtienen de la farmacia o de la publicidad?

Si el padre o la madre con toda su buena voluntad ofrecen el espectá­culo de vidas y de mentes constantemente dirigidas hacia un sólo tormento —obsesionados noche y día por el dinero, el trabajo, la ambición o el periódico, por el lenguaje y las imágenes—, cuando su hijo se droga, lejos de oponerse a sus padres los imita. De este modo, la educación Occidental ha triunfado: contrariamente a la consideración vulgar sobre este tema la generación joven sigue a la precedente con entusiasmo. A padres obsesivos, hijos perdidos o estupefactos.

La sociedad de consumo produce niños de consunción.
La batalla contra la droga como en otra época la abominable guerra del opio en China, o, más recientemente, el suceso, más innoble aún, de los
“Versos Satánicos”, anuncian las primeras escaramuzas de la tercera gran guerra mundial: la del Norte contra el Sur.

Comenzamos siempre por persuadimos de que el adversario sufre de todos los defectos del mundo, especialmente de los nuestros, antes de atacarlo.

Se nos presenta, entonces, como necesario distinguir el problema realmente ontológico de la droga de todos los desarrollos que ha conocido recientemente: Todo el despliegue de fuerzas mundialmente catastrófico de las potencias financieras, policivas, políticas, penales viene, creo yo, del enceguecimiento de los países desarrollados que imitan la conducta ameri­cana en estos temas, la cual es completamente puritana. Si siempre los hubiésemos seguido tontamente en materia de prohibición, el “cognac” hubiera reemplazado a la heroína. El puritanismo es una conducta de simple exclusión. Los puritanos han creído, asiduamente, que se puede erradicar el mal y tirarlo al fuego. Piensan que, de esta manera, sólo el bien reinará.

El problema de la droga se asemeja, hasta el punto de confundirse con él al de la violencia. Desgraciadamente, considero que todos dos son imposibles de erradicar. Nos es preciso, entonces, hacer del mal virtud. Transformar, en la medida de lo posible, la violencia en energía creadora: El alcohol en Margaux y, la transmisión mediática de las desgracias del mundo, en tragedias sublimes como en Esquilo o en Racine. Dicho de otra manera, la tolerancia produce lugares de creación. En la bestia innoble que se droga es ponderable que, a veces, sabe transformar sus tensiones en cultura. El puritanismo le tiene horror a la cultura.

La política colonial francesa en Marruecos e Indochina, no puritana en términos de haschich o de betel**, se calcaba, en otra época, sobre la sabiduría tonta pero necesaria del establecimiento de un control local. Durante mucho tiempo me escandalizó que el Estado favoreciera un vicio 
mortal. No obstante, más vale eso que combatirlo. Al menos, de este modo, no aumenta hasta el punto de llenar todo el planeta de dinero, de muertos y de sangre.

Desde que comenzó la guerra del presidente Busch las diferentes drogas han doblado su precio y, claro está, algunos Bancos han aumentado aún más su poder mientras que entre los pobres la sangre corre dos veces más.


Por el contrario, algunos establecimientos sostenidos por el Estado y, por supuesto, por funcionarios mal pagos como el hospital y la universidad alcanzan estados de lamentable descuido y suciedad. Menos dinero, más muertes, nada de guerra, sólo la miseria ordinaria de nuestras vidas.

Los toxicómanos son hombres ni más ni menos drogados que usted y yo, pero, eso sí, gravemente enfermos: La desgracia, la pobreza o la mala suerte los conduce a la elección de una droga atroz y rápidamente mortal, en tanto que usted y yo hemos escogido, por suerte, una droga deleitable y solamente mortal lentamente. Nos basta con entrar a una tienducha donde podamos procuramos algunas porquerías a precio irrisorio: tabaco negro, pintalabios en promoción, una que otra adulación o las últimas noticias en la televisión.


Esta solución que propongo, con humor y tristeza, sé bien que el Norte rico y poderoso siempre la rechazará, puesto que ya lo veo estremecerse de júbilo con la idea de una guerra próxima con el Sur pobre y débil. Conflicto que acaba de desatar, entre otras, la movilización general de los países industrializados contra la droga proveniente de los agricultores miserables del tercer mundo. Ebrios-muertos de consumo nos preparamos para destruir a aquéllos cuyo trabajo y muerte nos embriaga.

¿Cuál sociedad duda alguna vez en ocultar sus problemas tras la violencia guerrera, sobre todo cuando ésta no presenta ningún riesgo? La prohibición concerniente al alcohol fue, en los Estados Unidos, el signo de una guerra que opuso el puritanismo anglosajón de los primeros inmigrantes que llegaron a ser ricos y poderosos, a la población miserable de los recién llegados de Europa del sur: Griegos, italianos y yugoeslavos que bebían vino.
Así mismo, la guerra de la droga opone, hoy en día, los dominantes del mundo desarrollado, al tercer mundo que masca hojas de coca y, que la cultiva, porque los primeros derrumbaron el precio del cacao y del café.

A los países de Occidente la tensión desaparecida con el Este no les da ya más la ocasión de batirse, por esto, entablan un nuevo conflicto contra otros miserables.

Los puritanos le tienen horror a los pobres.

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* Michel Serres:  (Agen (Lot-et-Garonne), Francia1 de septiembre de 1930) es un filósofo e historiador de las ciencias, miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes y de la Academia Francesa


** N. de los T: El betel es una planta piperácea, cuyas hojas son estimulantes y tienen sabor a menta.



viernes, 31 de agosto de 2018

Programación XVII Encuentro de Estudiantes de Historia


Esta es la programación del XVII ENCUENTRO DE ESTUDIANTES DE HISTORIA, que es un evento tradicional en la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, y que se realizará entre los días 4 y 7 de septiembre.

El Grupo de Estudios Estéticos, apoya esta iniciativa, que busca divulgar los intereses de los historiadores en formación, no solo de nuestra ciudad, sino de diversas lugares del país. De hecho, este año, también habrá estudiantes de Cali y Bogotá, presentando sus trabajos.


miércoles, 8 de agosto de 2018

CONVOCATORIA PARA PUBLICAR EN LA REVISTA COLOMBIANA DE PENSAMIENTO ESTÉTICO E HISTORIA DEL ARTE

La Revista Colombiana de Pensamiento Estético e Historia del Arte, de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, ha abierto la convocatoria para la recepción de artículos. La fecha límite para es el 15 de octubre


Igualmente, ha abierto dos convocatoria para realizar números especiales, con un dossier en Historia del Arte, y otro en Iconografía y Comparatismo. Fecha límite de recepción de artículos para estos dossier: 15 de diciembre de 2018.






lunes, 16 de julio de 2018

Número 6: Revista Colombiana de Pensamiento Estético e Historia del Arte





En el link https://cienciashumanasyeconomicas.medellin.unal.edu.co/revista-de-estetica.html, pueden acceder al sexto número de la Revista colombiana de pensamiento estético e historia del arte, así como a los números anteriores.

En esta ocasión, tenemos cuatro artículos (tres de ellos de egresados de la Maestría en Estética), dos traducciones, y una reseña (que en realidad es un interesante artículo sobre el pintor Luis Caballero). 

martes, 3 de julio de 2018

SEMINARIO: ENFOQUES FILOSÓFICOS DEL ARTE Y LA LITERATURA

Silvio Mattoni 
Es doctor en letras por la Universidad Nacional de Córdoba, donde da clases de Estética. Publicó, entre otros, en poesía: El bizantino (1994), El país de las larvas(2001), Hilos (2002), Poemas sentimentales (2005), Excursiones (2006), El descuido (2007), La división del día. Poemas 1992-2000 (2008), La chica del volcán (2010), La canción de los héroes (2012), Avenida de Mayo (2012) y Peluquería masculina (2013). Los ensayos: Koré (2000), El cuenco de plata (2003), El presente (2008) y Camino de agua (2013). Investigador del CONICET. Tradujo a Michaux, Bataille, Ponge, Duras, Diderot, Pavese, Luzi, Quignard, Bonnefoy, Artaud y Clément Rosset, entre otros. Recibió el Primer premio del Concurso de poesía Enrique Pezzoni en 1992, el Primer premio de Ensayo del Fondo Nacional de las Artes en 2007 y 2012, la Beca Guggenheim en 2004.
La propuesta de este seminario:
Necesariamente, una revisión de ciertas aproximaciones filosóficas al arte y la literatura exige un recorte drástico de puntos culminantes en la historia. En este caso, elegimos textos que resultan ampliamente influyentes en el devenir intelectual de la Estética como disciplina filosófica y en las postulaciones de la Crítica literaria como espacio de trasposición de conceptos en muchos casos tomados de la filosofía. Así, comenzaremos por una relectura lo más literal posible de la “Introducción” a la Estética de Hegel, donde se plantea la fundación de una “filosofía del arte”, abandonando las matrices de lo “bello” como percepción sensible que incluía los objetos naturales. Retrocediendo luego un paso, para avanzar dos, leeremos al joven Schlegel, figura prominente del romanticismo temprano de Jena, a cuyas ideas sobre la literatura le debe mucho la estética de su tiempo pero también obras críticas como la de Walter Benjamin, cuya tesis sobre el romanticismo y la crítica podría pensarse como la manifestación más clara de su programa de escritura. También en Schlegel, en forma de fragmentos voluntariamente inagotables, se esboza una teoría sistemática de los géneros literarios que planteará relaciones conceptuales, y no de mera contingencia histórica, entre las formas. Los eruditos y perspicaces comentarios de Peter Szondi ayudarán a la comprensión global tanto de Hegel como del ámbito teórico-crítico en el romanticismo temprano, cuyos textos estaremos obligados a recortar por cuestiones de método. 

La obra de Benjamin sobre los románticos, publicada en 1920, podrá ponerse en relación con las exactamente contemporáneas consideraciones de Lukács sobre la novela, que tanta influencia de Hegel y de Schlegel dejan entrever. Así como otras constelaciones donde ingresan las filosofías de la vida y una lectura sesgada de Kierkegaard. Pero la solución de continuidad entre el idealismo y estos incipientes filósofos estéticos de principios del siglo XX, una grieta en la supuesta tradición que estarían leyendo, ya se deja vislumbrar con el nombre del autor danés, ferozmente personal y antisistemático, vale decir, antihegeliano; quien por su parte no llega tan lejos en el antihegelianismo como el enmascarado Nietzsche, cuyo texto de juventud sobre la imposibilidad de los juicios de verdad ha sido y es considerado fundamental en el trastrocamiento de las suposiciones de un sentido de la historia, poniendo la metáfora y el poder en el lugar determinante antes ocupado por la teleología providencial del espíritu. 

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El poeta, ensayista y traductor de origen cordobés logró el primer premio de su categoría del Fondo Nacional de las Artes con su ensayo Camino de agua. Lugares, música, experiencia, que publicó la editorial El Cuenco de Plata y que sin mucho ruido está haciendo su camino. Publicamos esta entrevista que le fue realizada en Argentina en 2016

Silvio Mattoni: “La literatura surge para elevar a cada lengua nacional al ideal de un arte sin limites”


Por Pablo E. Chacón

El poeta, ensayista y traductor de origen cordobés Silvio Mattoni piensa que acaso el fondo íntimo de lo propio sea lo más propio, eso que es irrepresentable para el lenguaje, esa cadena de representaciones y asociaciones que convocan a todos y a nada, a los vivos y a los muertos y con suerte, al paisaje más singular (el de la infancia) capaz de armar un mundo, un ritmo, una música y una prosodia.
"Camino de agua. Lugares, música, experiencia", es el título del ensayo -primer premio en su categoría del Fondo Nacional de las Artes- que publicó la editorial El Cuenco de Plata y que sin mucho ruido está haciendo su camino.
Mattoni da clases de Estética en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y es investigador del Conicet, además de traductor. Entre sus libros figuran "Bataille, una introducción", "Kore", "El presente", "Poemas sentimentales", "Excusiones", "El descuido", "La división del día" y "La chica del volcán".


- Télam: En principio quería preguntarte cómo se llevan tu trabajo como traductor con el oficio de poeta centralmente, y con el de ensayista.


- Silvio Mattoni : Diría que la traducción se separa claramente de la escritura desde un punto de vista exterior. Tengo mis horas para traducir, que son muchas, que pueden convivir con ruidos, interrupciones, en medio de la vida familiar. Y tengo minutos, unos cuarenta y cinco en general, para escribir. El poema o el ensayo tienen que poder dar un tono, un fragmento, trazar sus arabescos en ese lapso. Después pasan para otro día. Pero más íntimamente hay evidentes tráficos entre lo que traduzco y lo que voy escribiendo, ciertas inquietudes o incluso giros reiterados en la traducción pueden volver en la escritura. En los ensayos, se tornan citas explícitas, lo traducido dialoga con el tema en cuestión. En un poema, la influencia puede ser involuntaria, una imagen, una palabra rara que viene de la lengua extranjera. No importa si traduzco filosofía o poesía, todo migra y se mueve porque al final no hay sino una cosa, fragmentada y vuelta a juntar.



- T: Y repito ahora una pregunta que hacés en "Camino de agua". ¿Tiene, en efecto, la poesía, la literatura, alguna relación con la zona en que se produce?


- SM: A pesar de su aire de frase caduca, pasada de moda, sobre todo en la poesía pareciera innegable algún tipo de relación, a veces evidente y temática, entre los poemas y el lugar, entre lo que se escribe y eso que se dio en llamar paisaje, quizás demasiado pictóricamente. Es evidente, decía, en poetas como Juan L. Ortiz, por ejemplo, o en Arturo Carrera. Sin embargo, aunque la zona o el territorio no sean los temas de la poesía, creo que hay vinculaciones, incluso y sobre todo involuntarias.

Aun la negación del lugar natal, el rechazo de la aldea que se habita, es una referencia a su zona. En mi caso, de muy joven levanté esa negación temática de lo cercano casi dramáticamente, con un primer libro íntegramente ambientado en la antigüedad grecolatina; no sólo mi ciudad, el país entero era un vacío, su literatura una cosa indisponible. Después, la vida se transformó en tema, las personas, amigos, hijos, los otros poetas que conocí, los libros y las correspondencias, todo se desplegaba en lugares. En poesía, la ansiedad por la naturaleza conduce siempre al problema del lugar natal.


- T: Cynthia Ozick, en su libro sobre el ensayo, dice que este es justamente una invención o, en otros términos, si se quiere, "la forma suprema de dialogar con la literatura"? ¿Cuál es tu idea al respecto?


- SM: Creo que también cometí una frase similar, y precisaría o acotaría más la afirmación: para mí la filosofía es la forma que asume el diálogo con la poesía. Lo de una "forma suprema" tal vez sea una jerarquización excesiva, pero diría que todo diálogo con la literatura que no se niegue a ser, a su vez, literatura, o sea un escrito que genere placer y felicidad, se convierte en filosofía.


- T: ¿Existe algo impropio, impersonal, un resto de lo cual el lenguaje no puede dar cuenta, incluso el lenguaje poético que creo es el que más se acerca, si fuera su "intención", a esa impersonalidad? Pienso en Des Forets, Ponge, Ajmatova, Juanele, Zelarayán...

-SM: Quizás aquello de lo que el lenguaje no puede dar cuenta sea el fondo íntimo de lo propio, antes del yo, previo al pronombre, en lo olvidado, porque digamos que lo que uno piensa, recuerda, lo que hablamos y escribimos, el flujo de palabras que somos, no es más que una representación, la conciencia. Las sensaciones, las intensidades, aun los desmayos y el sueño, lo que nos pasó antes de la memoria o en los vacíos que la acribillan, no están en las palabras de una conciencia. Por eso, lo que parece impersonal en tantos poetas que tratan de salir de un límite sería sin embargo lo que les es más propio, su íntima excursión fuera del yo. El otro que escribe en mi lugar, el que se despliega rítmicamente en el papel, sin mí, es el que existe cuando se interrumpe el que desea, se expresa, da órdenes o comunica mensajes.


- T: ¿Cuál ha sido o es la importancia de la música en tu formación, si es que la ha tenido?


- SM : Me hubiese gustado saber más de música, leerla, tocar algún instrumento. Por suerte ahora mis hijas saben hacerlo y van acompañando mis días con sus ocurrencias musicales. Pero tal vez hubo una formación infantil en la música, salvaje, que alternaba brutalmente entre lo cursi y lo serio, entre el pop y la llamada música clásica. Recuerdo mis primeras emociones, mis lágrimas de niño, escuchando canciones en castellano, las que suelen llamarse "románticas" haciendo revolverse en sus tumbas a los tremendos filósofos que inventaron esa palabra. Y también recuerdo la eficacia de Mozart, de algunas cuerdas, para sentir la intensidad de estar vivo y la anticipación del final, porque todo lo intenso anuncia su disolución futura. Y si llamamos música a lo mismo que nombraba así San Agustín, o sea la prosodia, no habría habido para mí formación alguna sin el descubrimiento del verso, del endecasílabo sobre todo, pero también del heptasílabo que está contenido en él, es decir, sin el cuestionamiento permanente de la cesura, la interrupción o la pausa.



- T: Finalmente, quería preguntarte por la actualidad de la literatura argentina, tus preferencias, interlocutores, cómo ves la cuestión de cara al futuro?


- SM: Esto me hace acordar a Borges, que después de todo es la mejor solución que se dio la literatura argentina, cuando dijo en una entrevista: "no me pidan un saludo para los jóvenes de la provincia de Córdoba". La actualidad tiene ese aspecto, se saluda o se denosta, ambos gestos fútiles. Y "literatura argentina" es un oxímoron que se cristalizó, porque la idea de literatura surge, en el romanticismo, para elevar cada lengua nacional al ideal de un arte sin límites. Pero vamos a aceptar el uso. Por lo tanto, en la convención de contar escritores nacidos en un contorno definido estatalmente, mis puntos de referencia serían los dos pringlenses: César Aira para la novela, Arturo Carrera para la poesía. Tengo también mis preferencias en el pasado y en un presente o en un porvenir de jóvenes. Leo mucho a las chicas poetas más o menos de mi edad, que creo que cambiaron la manera de entender la poesía: Cecilia Pavón, Marina Mariasch, Fernanda Laguna, Anahí Mallol.


(Tomado de: http://www.telam.com.ar/notas/201609/164705-silvio-mattoni-la-literatura-surge-para-elevar-a-cada-lengua-nacional-al-ideal-de-un-arte-sin-limites.html)



martes, 12 de junio de 2018

XVII ENCUENTRO DE ESTUDIANTES DE HISTORIA. LA CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO HISTÓRICO



El Encuentro de Estudiantes de Historia, desde su primera versión en el 2002 como Foro de Estudiantes de Historia, se ha institucionalizado como un espacio de diálogo interdisciplinar en el que los diferentes estudiantes de Historia del país y del exterior pueden socializar sus primeras investigaciones, discutir el estado de la disciplina y compartir sus diversas experiencias regionales.

Año tras año, el Encuentro es organizado por un grupo de estudiantes de diferentes semestres motivados por el interés en la historia. La Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional, sede Medellín, ha apostado por este evento como un ejercicio académico donde se aprenden competencias para la gestión, organización y trabajo en equipo.

Es, pues, un evento que cada vez se hace más nutrido y complejo: lo que inició como un ejercicio académico entre estudiantes de la carrera de Historia, de la sede Medellín, ha adquirido un carácter nacional e internacional gracias al nivel de participación y asistencia que ha favorecido el contraste entre diversos discursos disciplinares y el intercambio de experiencias académicas.

Este año, el encuentro se realizará del 4 al 7 de septiembre, en la sede de Medellín de la Universidad Nacional de Colombia. Las propuestas de ponencia, se están recibiendo en este momento, y dicha recepción irá hasta el 20 de junio de 2018. 

Toda los requisitos e informes para participar en este importante evento, la pueden encontrar en: XVII Encuentro de Estudiantes de Historia




miércoles, 7 de febrero de 2018

Presentación del proyecto de Doctorado en Estética

Queremos brindar a todos, el video con la presentación del proyecto del Doctorado en Estética, que se realizó el pasado 1 de febrero, de 2018, en el Auditorio Gerardo Molina de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

Como presentación académica, habla tanto del enfoque teórico general del proyecto, como de cada una de las líneas de investigación.


miércoles, 31 de enero de 2018

SOCIALIZACIÓN DEL PROYECTO DE DOCTORADO EN ESTÉTICA

Mañana jueves, a las 2:30 pm., en el Auditorio Gerardo Molina, el Grupo Gestor del del Doctorado en Estética, presentará a toda la comunidad, este proyecto, que actualmente realiza su trámite por diferentes instancias administrativas y académicas de la Universidad Nacional. 

El propósito, es dar a conocer, la génesis de la propuesta, los lineamientos teóricos de la misma y las expectativas en investigación, que sin duda, abrirán nuevos horizontes en la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, y además, busca generar espacios de diálogo con el medio local y nacional (en particular, con otras sedes de la Universidad).

Están todos invitados.


martes, 19 de diciembre de 2017

SALUDO DE NAVIDAD

Como es habitual, más que hacer balances de todo lo que hemos hecho en el año -malhadada costumbre-, como si todo fuera una cuestión de sumas y restas, lo que queremos es compartir, a nuestro modo, un breve cuento que pone en solfa, un tiempo que no necesariamente implica el cumplimiento de los mejores propósitos y la expresión de los más nobles sentimientos humanos.

Esta simpática historia del escritor peruano Santiago Roncagliolo, es buena muestra de esa  cotidianidad que se hace de pequeñas miserias y que, aunque quisiéramos lo contrario, no por ello se soslayan en la Navidad. 

Para reír y pensar, y conscientes de que la mayoría de nuestros lectores sí esperan una Navidad y un inicio de año más amable, esperamos seguir en contacto durante el 2018, compartiendo con ustedes nuestro trabajo y sobre todo, tratando de darle un espacio a una forma de pensamiento, como es la filosofía estética, muchas veces malentendida, pero sobre todo, fundamental para entender nuestra condición humana.

Un abrazo a todos.




PAPÁ NOEL ESTÁ BORRACHO EN EL SALÓN

Santiago Roncagliolo

Papá era un idiota, lo admito. Era incapaz de durar más de cinco meses en un trabajo. Nunca se acordaba de mi cumpleaños. Y mantenía en pie su viejo Chevrolet del 73 gracias a una mezcla milagrosa de repuestos robados, cinta adhesiva y buena voluntad. Inexplicablemente, todo eso me gustaba de él.

A la que no le gustaba era a mamá. Hasta donde llegan mis recuerdos, su matrimonio fue una interminable serie de gritos y reproches, con algunas pausas para mandarme a lavar los dientes. Supongo que deben de haber tenido algunos buenos momentos, pero yo no fui testigo de ninguno. A lo mejor, esos momentos ocurrían mientras yo me lavaba los dientes.

Así que no hace falta explicar cómo fue su divorcio, ni detallar la larga serie de partidas y regresos, las lágrimas de ella y los desplantes de él. No es necesario describir la caja de leche Gloria en la que Papá se llevó sus cosas de casa, ni decir que se apareció en el siguiente almuerzo familiar a devolver la caja de leche, que, por cierto, con gran puntería, embocó de un tiro sobre la cabeza de mi abuelo.

Lo que voy a contar ocurrió muchos meses después, cuando mamá empezaba a “reconstruir su vida”. O al menos ésa fue la frase que le escuché decir una vez en el teléfono, a alguna de sus amigas, mientras se pintaba las uñas de los pies. Al parecer, las uñas de los pies tenían un papel en todo aquello de “reconstruir su vida”, porque yo nunca antes la había visto pintárselas, y, de hecho, antes de esa tarde, no habría podido asegurar que sus pies tuviesen uñas.

No tardaría en comprender que el rojo de su esmalte era una señal de alerta. Pocos días después, apareció en casa un hombre llamado Alejandro. Y volvió a aparecer. Y siguió apareciendo. Llegado cierto punto, ni siquiera necesitaba llegar de visita, porque no se iba. Pasaba los fines de semana con nosotros. Usaba los mismos cubiertos y el mismo váter. Y me entregaba periódicamente regalos educativos, libros y juegos de preguntas y respuestas, que me volvieron definitivamente reacio a cualquier forma de cultura.

El nuevo novio me trataba bien, y hacía reír a mamá. En cambio, papá... bueno, seguía siendo papá. Vivía prometiéndome que algún día volvería con mi madre, y de vez en cuando tenía detalles tiernos, como llevarle flores o regalarle un gatito. Aunque, irremediablemente, esos detalles se frustraban: mamá descubría que le había robado las flores al jardín del vecino. O le recordaba —a gritos, como siempre— que yo era alérgico al pelo de gato. Pronto comprendí que si quería recuperar a mi padre tendría que ayudarlo a deshacerse de su competidor: papá no tenía la capacidad de hacerlo por sí mismo.

En mi retorcida mente infantil, concebí el plan perfecto. Exigí que pasáramos la Navidad juntos, como habíamos hecho siempre hasta entonces. Mamá no podría negarse a mis deseos. Alejandro ni siquiera se atrevería a aparecer, avergonzado por haber destruido esta familia. Papá y mamá cenarían juntos y recordarían cuánto se querían. Yo me portaría muy bien y me comería lo que me diesen. Y al día siguiente, en vez de encontrar al patán de Alejandro en el baño, encontraría a papá leyendo el periódico en el váter: el paraíso.

Pero las cosas, me temo, ocurrieron exactamente al revés: Alejandro sí que apareció en la cena, y departió agradablemente con mi madre, mis abuelos y mis tíos. En cambio, papá no se presentó. Tampoco llamó. Simplemente, nos olvidó, como siempre.

Esa noche, al acostarme, odié a papá, y al mundo, y deseé, con todo el dramatismo de mis 8 años, no despertar.

A las cinco de la mañana, me despertó un estrépito de cristales rotos, muebles arrastrados y maldiciones en voz alta. Un asaltante —o, a juzgar por el ruido, una banda de asaltantes, o quizá una manada de búfalos— había entrado en casa, y estaba a punto de acabar con ella.

Mamá y Alejandro ya estaban en el salón cuando yo llegué, y contemplaban el espectáculo paralizados en un rincón. Resultó que no era un ladrón, ni una avioneta estrellándose contra las ventanas de la casa: era Papá Noel, ebrio como una cuba, arrastrándose de un lado al otro del salón y balbuceando incoherencias. Cuando se dio de bruces con el árbol de Navidad se le descolgó la barba, y sólo entonces descubrí que detrás de aquella barriga y ese uniforme rojo se escondía papá.
—¡Feliz Navidad, hijo!
—Hola, papá.
—Quería darte una sorpresa —logró articular—, pero Papá Noel se resistía a dejarme su uniforme.
—¿Te costó mucho quitárselo? —sonreí, aliviado de verlo, no importaba cómo.
—Dos botellas —respondió él.
Y luego se quedó dormido en el sofá.

Eso fue todo.

Ni siquiera me trajo un regalo. Al contrario, babeó sobre el jersey que me había regalado mamá, y se cargó definitivamente la nave espacial que me había traído Alejandro.

Puede parecer una tontería, pero aún recuerdo esa Navidad como la mejor de mi vida.

Los grandes momentos son aquellos en que comprendes grandes cosas. Y yo comprendí esa madrugada, entre los ronquidos etílicos de aquel Papá Noel allanador, que querer a papá era como ser hincha de un mal equipo de fútbol, uno de esos que jamás llega a la primera división, pero que sus fans persiguen, llorando más que riendo, de estadio en estadio: puede que no gane nunca, es verdad, pero por eso mismo, cada vez que consigue un triunfo, te hace tan feliz que jamás puedes olvidarlo.



DROGAS. Michel Serres

En 1993, tuvimos la oportunidad de conocer un texto realmente impactante, gracias a las publicaciones seriadas de la época, en part...